YO COMO TÚ

Domingo del Bautismo del Señor.

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Comentario al Evangelio

En el evangelio de hoy contemplamos la vocación de Jesús.   Su bautismo podemos considerarlo como la llamada particular y su consagración al Padre y a la misión a la que éste le envía.

Jesús, como hombre que es, también es llamado, por ello recibe y acoge la llamada de Dios Padre.  Pero antes de acudir al río Jordán, permanece varios días en el desierto para descubrir, discernir, orar, interiorizar lo que el Padre ha preparado para Él desde siempre; la misión para la que ha sido escogido.

Podríamos decir que, el bautismo de Jesús es considerado como su consagración plena al Padre y a la misión, a la que, a partir de ese momento, es enviado.  

Todos tenemos un momento clave, un día, una hora, en el que reconocemos el plan amoroso de Dios sobre nosotros.  Es una llamada que se realiza desde el amor, desde el corazón del Padre como lo fue en Jesús.  
Requerimos tiempos, espacios de desierto para aclarar y discernir, para escuchar y poder hablar, para luchar y entregarse, para al fin dejarse ungir, marcar, dejarse consagrar por el amor del Padre a la vocación a la que hemos sido llamados.

Momento de oración: 

También a nosotros Dios nos dice: "Tú eres mi hijo/a amado/a, mi predilecto/a".  

Repite en tu interior esta frase, y pon tu nombre.  

Deja que resuene dentro, muy dentro, una y otra vez.

Permite que el Espíritu de Dios te invada y te dé la fuerza y el valor de entregar la vida entera a Dios y a la misión que te ha dado.  
Di con voz clara y firme: Aquí estoy, Señor, tú me has llamado.

Porque Tú lo has querido
estoy aquí, Señor. En Tu nombre.
No he venido yo; me has absorbido
en la espiral de amor,
que eres con todos.

Nadie puede arrimarse a Ti
sin que entero lo abraces,
lo hagas Tuyo.
Sin robarle nada,
dándole todo.

Del suelo a la cabeza
soy regalo tuyo,
espíritu que vuela
y cuerpo que lo apresa.

No puedes ya
salirte de este mundo.
Me inundaste 
y, empapado de Ti, te voy sembrando,
y al tiempo que me siembro,
como grano de trigo,
en mis hermanos.
No quiero quedar solo.

Tu rostro buscaré, Señor.
Hasta decirte ¡Padre!
Pero sólo te encuentro, cuando,
a todo lo que mana de Ti
le digo: ¡hermano!

Hna.Mª Dolores Morillas Fernández.
hna.mdolores.lapresen@gmail.com

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